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Células madres

Las células madres están presentes en todos los organismos multicelulares y son un tipo especial de célula capaz de dividirse asimétricamente para generar dos tipos de células "hijas": unas que pueden diferenciarse en diversos tipos de células especializadas; y en otras células madre.

La capacidad pluripotente, es decir, la habilidad para generar cualquier tipo de tejido corporal, de las células madre se detectó por primera vez en 1981 utilizando células madres de ratones. Este hallazgo inició la era de la investigación en las células madre. Después, transcurrieron varios años de intentos fallidos hasta que el 1998, James Thomson, aisló células madres de un embrión humano, las denominadas células madres embriónicas.

La célula madre embriónica.

La vida de ser humano se inicia cuando un espermatozoides fecunda un óvulo y forma una célula individual destinada a convertirse en un niño. Esta célula original, o cigoto, comienza a desarrollarse y lo hace dividiéndose para generar otras células. Al cabo de unos cinco o seis días se han acumulado unos pocos cientos de células formando una bola denominada blastocisto. La estructura del blastocisto consiste en una capa celular externa virtualmente impermeable que sirve de protección (que luego será la placenta) que rodea una masa de células en su interior, estas células del interior del blastocisto son células madres embriónicas. Cada una de estas células embriónicas tiene la facultad de convertirse por sí misma en un individuo completo.

Tal capacidad de formar un tejido cualquiera sugirió la idea de que probablemente se podían usar para reparar los tejidos dañados en un individuo adulto, y los experimentos exitosos llevados a cabo en ratones probaron que esta posibilidad era válida. En ensayos llevados a cabo, células musculares del corazón surgidas de células madres se integraron adecuadamente con el tejido del corazón de un ratón vivo, del mismo modo, se repararon parcialmente neuronas espinales, y se restituyeron las células de los islotes del páncreas que producen la insulina, cuya pérdida conduce a la diabetes tipo I o diabetes juvenil. Estos relevantes resultados obtenidos en ratones sugieren que podría utilizarse esta práctica para desarrollar terapias con células madres embriónicas y así tratar diversas enfermendades humanas vinculadas al daño o la pérdida de tejidos, sin embargo, el "traspaso" de esos resultados a los seres humanos enfrenta dos serias dificultades, veamos:

1.- Las células madres embriónicas se obtienen de un embrión humano, lo que significa su destrucción. Esta situación ha generado un gran debate ético, y los ciudadanos que consideran que la vida comienza con la fertilización, alegan que es inaceptable esta práctica ya que representa asesinar una vida.

2.- Los ensayos exitosos en ratones se lograron gracias a que su sistema inmunológico había sido desactivado, en caso contrario, casi seguramente las células madres embriónicas implantadas hubieran sido rechazadas al pertenecer a otro individuo.

Pero no todo está perdido


Células madres adultas específicas de un tejido

Revisemos lo que sucede a las células madres embriónicas a medida que el embrión se desarrolla. Estas células madres embriónicas no demoran mucho en tomar una vía durante el desarrollo del embrión que las empieza a diferenciar, de este modo algunas quedan comprometidas, por ejemplo, con la formación de tejido nervioso, mientras otras se especializan para producir sangre y otras como formadoras de músculos etc. Una vez que las células madres han tomado la "desición" de seguir un camino ya no podrán cambiarlo para producir otro tipo de células especializadas. Cada uno de los tipos principales de tejidos está representado por sus propias células madres específicas del tejido. Pero como hemos indicado arriba, las células madres no solo producen las otras células especializadas, si no también, otras células madres, esto implica que ellas persistirán hasta el adulto y entonces se conocen como células madres adultas específicas de un tejido, o simplemente células madres adultas. Las células madres adultas pueden ser una vía para evadir el asunto ético que involucra a las células madres embriónicas, y los experimentos llevados acabo por el Dr. Evan Snyder demostraron en 1999 que las células madres específicas de un tejido pueden reparar las pérdidas en células cerebrales en los ratones.

El Dr. Snyder y su equipo obtuvo células madres nerviosas (aquellas células derivadas de las embriónicas pero que ya están determinadas a producir cualquier tipo de célula nerviosa) de embriones en desarrollo de ratones, y las inyectaron en ratones recién nacidos que padecían una enfermedad similar a la esclerosis múltiple?. Las células inyectadas migraron hacia el cerebro y se convirtieron por sí mismas en las células que faltaban alli, que eran aquellas encargadas de mantener la funda de mielina alrededor de los nervios conductores de señales, de modo que muchos ratones se recuperaron totalmente. Tal "reparación" utilizando células madres más adelantadas que las células madres embriónicas  sugiere la posibilidad de que las células madres adultas podrían hacer el mismo trabajo.

El enfoque del experimento luce directamente utilizable en los seres humanos a fin de reparar ese y otros tejidos, pero un problema importante es que no siempre es posible encontrar el tipo de célula madre adulta que se necesita.

Aunque los resultados de los experimentos del Dr. Snyder pueden servir para evadir el problema ético del uso de células embriónicas, aun queda por resolver el grave problema del rechazo a las células madres "extrañas" que puede esperarse si no se desactiva el sistema inmunológico del receptor de las células.

En el 2001,un equipo de investigadores de la Universidad Rockefeller reportaron que habían encontrado un camino para lidiar con este serio problema potencial utilizando lo que ellos llamaron clonación terapéutica.

Los investigadores primero aislaron células de la piel y crearon un embrión con ellas utilizando el mismo procedimiento que se utilizó en el clonado de la oveja Dolly (el procedimiento se describe en el artículo Reproducción clonada de animales). Luego, extrajeron el núcleo de la célula de piel y lo insertaron en un óvulo cuyo núcleo se había retirado. La combinación de núcleo de piel y óvulo enucleado se dejó desarrollar hasta que formara un embrión de 120 células, en ese momento el embrión de destruyó y sus células se usaron como células madres embriónicas con el fin de transferirse a los tejidos dañados. El equipo de investigación logró por este medio convertir con éxito, células de la cola de un ratón en células cerebrales productoras de dopamina que se habían perdido por la enfermedad de Parkinson. Hay que destacar el hecho de que por esta vía no resulta necesario desactivar el sistema inmunológico del ratón ya que como las células madres nacieron de una de sus propias células corporales siempre serán aceptadas como propias durante el chequeo de compatibilidad.

Hasta aquí la sitación es alentadora y la utilización de esta última vía, la clonación terapéutica se perfila como posible terápia de curación en enfermedades que hasta hoy no tienen cura en los seres humanos. El simple hecho de que para lograr las células embriónicas no se haya usado la fertilización, permite argumentar que en realidad no se destruye un embrión si no un "óvulo activado". No obstante quedan dos problemas que hay que resolver aun:

1.- Debe encontrase una manera de reprogramar el núcleo donante, es decir, una forma de lograr la impronta genómica apropiada (la impronta genómica se describe en el artículo Reproducción clonada de animales.

2.- Se debe conseguir que el proceso de mitosis continuada del óvulo activado sea una realidad en los humanos, ya que muy temprano en el proceso, la división de las células no se hace adecuadamente.

El tema de la utilización de células madre para la terapia humana está es un tema de investigación activa, de modo que es posible que cuando usted esté leyendo este artículo se hayan logrado avances no descritos aquí.



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