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La continuidad de la vida

En el artículo "El origen de la vida" de este mismo portal se desarrolló la idea aceptada actualmente por la comunidad científica de que la vida surge de manera espontánea, muy probablemente en micro-burbujas flotantes en el océano, hace por lo menos 2500 millones de años, y que las primeras formas de vida eran células muy simples sin compartimentación interna que fueron llamadas procariotas. Estas células primitivas lejos de desaparecer se mantuvieron existiendo y proliferaron en número por división. La sobrevivencia de tales células fue posible debido a que presentaban características físicas y funcionales que les permitían interactuar con el entorno de manera acertada en correspondencia con los procesos vitales que debían desarrollar. Salta a la vista el hecho de que si se quiere mantener la vida, tales cualidades ventajosas deben ser transferidas de "padres" a "hijos" de forma efectiva, y esta capacidad de transferencia indispensable se conoce como herencia, de modo que la herencia es clave para la continuidad de la vida.

La herencia tiene un origen molecular y las "especificaciones técnicas" que definen a una célula como tal está codificada en una larga molécula que recuerda un cordón llamada ADN (ácido desoxirribonucleico). La molécula de ADN está formada por dos cadenas de bloques constructivos llamados nucleótidos, y ambas cadenas se envuelven una a la otra en forma que recuerdan las barandas de una escalera de caracol. Las dos cadenas están de frente una a la otra y se mantienen integradas como molécula única a través de enlaces repetitivos entre los nucleótidos que recuerdan los peldaños de la escalera, véalo en la figura 1 en la que se ha representado una sección de la molécula de ADN mostrando los enlaces entre los nucleótidos. Los nucleótidos se han denominado con letras mayúsculas y a continuación se explica el origen de esta denominación.

ADN
Figura 1. Una sección de la molécula de ADN.

Se pueden encontrar solo cuatro diferentes nucleótidos en la molécula de ADN y la secuencia en la que estos ocurren codifica la información. Los nucleótidos se representan con la primera letra del nombre químico que ha recibido el nucleótido, así tenemos que estos son A (de nucleótido adenina), G ( de nucleótido guanina), C (de nucleótido citosina) y T (de nucleótido timina). Los enlaces de los nucleótidos son muy específicos. El A siempre se une a T, y el G  siempre lo hace con C y estos pares que se enlazan se conocen como bases complementarias, por  consiguiente, una secuencia ATCG en uno de los cordones de nucleótidos se enlazará necesariamente con una TAGC en el otro cordón (véalo en la figura 1). Note que cualquiera que sea la secuencia de nucleótidos en un cordón, la secuencia de estos en el otro cordón es una imagen al espejo de la anterior. Esta simplicidad en la "receta de conexiones" hace que cada cordón se pueda ensamblar fácilmente partiendo del otro.

La secuencia específica de algunos cientos, hasta varios miles de nucleótidos, dan lugar a un gen, la unidad de información hereditaria. Un gen puede codificar una proteína en particular, o a un tipo diferente de molécula denominada ARN (ácido ribonucleico), o puede actuar regulando a otros genes.

La continuidad de la vida de una generación a otra depende de la fidelidad con la que se copie el ADN de una célula progenitora en las células hijas, si la copia es fiel, implica necesariamente que la célula hija es de la misma naturaleza y propiedades que la progenitora, y como ya hemos dicho antes esto se le refiere como herencia.

Al juego completo de instrucciones contenidas en el ADN que determinan una célula se le conoce como genoma. La secuencia del genoma humano está formado por 3000 millones de nucleótidos.



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