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Lo sugerido en este artículo tiene solo carácter informativo y nunca podrá utilizarse  para auto-medicarse o en sustitución del diágnóstico del médico.

Contenido del artículo
Naturaleza
Transmisión
Síntomas
Diagnóstico
Prevención

SIDA (Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida)

El SIDA es el estadío final de una enfermedad conocida por todos producida por el virus VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana). Los esfuerzos hechos hasta hoy para lograr una vacuna han sido infructuosos, debido a que el virus tiene la característica de ser muy "mutable" es decir produce constantemente variantes, por lo que la vacuna, aun siendo efectiva para unas variantes no lo son para otras y la posibilidad de contagio es de todas formas alta, algo parecido a lo que sucede con la gripe.

Un gran porcentaje de los jóvenes del mundo ignoran cómo se transmite el virus del SIDA y cómo protegerse eficazmente del contagio.

Un sondeo desarrollado en sesenta países de distintos continentes, revela que un gran porcentage de las personas entre 15 y 24 años tienen ideas equivocadas sobre las vías de transmisión del virus. Pero esta situación va mejorando al paso del tiempo debido a las campañas informativas que desarrollan las autoridades sanitarias de muchos países.

Este fenómeno resulta tanto más alarmante por cuanto es precisamente en la adolescencia cuando la mayoría de las personas comienzan su actividad sexual, y han sido 6 000 los adolescentes que se infectan cada día en el mundo con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).

Hay dos únicas opciones existentes en la actualidad para evitar el contagio del VIH, abstención y fidelidad a una pareja no contagiada. El empleo adecuado del preservativo (condón) representa una barrera eficaz al contagio pero no es efectivo en un 100%. Sin embargo, como demuestran las estadísticas, no siempre ponemos en práctica esas posibilidades.

Naturaleza


Lo realmente trágico del virus del SIDA es que es una enfermedad aun sin cura alguna, que se transmite precisamente en el acto sexual, el parto y la lactancia, que son a fin de cuentas, la garantía de la perpetuidad de la especie humana de manera natural, y de los cuales no podemos prescindir si queremos seguir existiendo como seres vivos naturales, es decir incide en la esencia misma de la existencia.

Por otra parte y no menos importante, actúa finalmente eliminando las defensas del organismo contra las enfermedades, lo que significa que destruye, precisamente el sistema que debe luchar contra el propio virus convirtiéndonos en blanco fácil de él y de cualquier otra enfermedad sin que el organismo pueda en principio luchar en contra.

Si sumamos a este panorama aterrador, el hecho de que la posibilidad de contagio es bastante alta si se hace sexo natural y que las posibilidades médicas de prevención no se lograrán al parecer en breve plazo, resulta evidente que estamos en presencia en una de las enfermedades mas terribles que ha padecido la humanidad.

Transmisión

Los únicos fluidos corporales que comprobadamente pueden transmitir el VIH son: la sangre, el semen, las secreciones vaginales y la leche materna, aunque el virus está presente en otros líquidos.

Básicamente la transmisión es sanguínea, es decir debe haber contacto entre la sangre, semen o leche materna del portador del virus y la sangre de la persona sana. Durante el acto sexual, el parto, y a veces en la lactancia, se produce la ruptura de vasos sanguíneos microscópicos por donde puede penetrar el virus de una persona a otra de manera imperceptible.

La que ocasiona la mayor parte de los casos es la sexual. También por transfusiones sanguíneas y jeringuillas compartidas entre adictos a drogas inyectables y de madre a hijo durante el embarazo, el parto o a través de la lactancia materna.

El contagio también puede llegar mediante el sexo oral. Con mucha frecuencia existen lesiones microscópicas en la mucosa oral que constituyen una puerta de entrada al virus presente en el semen o las secreciones vaginales de personas infectadas.


El peligro de contagio es mayor en los hombres que tienen sexo con otros hombres, fundamentalmente debido a factores anatómicos. La escasa elasticidad, debilidad y abundante vascularización del tejido anorrectal propicia que ocurran lesiones que favorecen la entrada del virus.

En relaciones homosexuales o heterosexuales, el riesgo de contagio no se elimina, pero se disminuye, cuando se evita la eyaculación.
 
Si ambos miembros de la pareja conocen que son positivos al VIH, deben protegerse también durante sus relaciones sexuales. Como existen diferentes tipos y subtipos del virus e incluso un mismo tipo difiere mucho de una persona a otra, cada relación sexual desprotegida equivale a una nueva infección, lo que expone al organismo a responder reiteradamente a tales agresiones, y se genera un progresivo desgaste del sistema de defensa. Ello se traduce en una evolución desfavorable de la enfermedad.

Síntomas

En algunas personas, transcurridas pocas semanas después de adquirir la infección pueden aparecer: fiebre, síntomas generales como decaimiento, erupción en la piel, aumento de tamaño de los ganglios linfáticos, diarreas y otros síntomas que, como se puede ver, son también frecuentes en varias enfermedades comunes en nuestro medio. Sin embargo, en la mayoría de los casos se produce el contagio y pueden transcurrir hasta 10 años sin que se presente manifestación alguna de la enfermedad. Ignoramos sencillamente que somos portadores y estamos en capacidad de transmitir la enfermedad.

Diagnóstico

Las pruebas clínicas son altamente seguras y confiables. Los análisis de los anticuerpos del VIH tienen una sensibilidad y especificidad superior al 98%, lo que significa que en más del 98% de los infectados el resultado es positivo y más del 98% de los no infectados ofrecen resultados negativos.

Prevención

Habitamos, en un mundo cada vez más interrelacionado. En el momento actual, sin que exista aún cura para este verdadero azote de la humanidad, a todas luces lo más inteligente es cambiar nuestro comportamiento sexual ante la posibilidad del contagio, si aún no lo hemos hecho. Y ello depende de nuestra clara comprensión de este problema y de ser verdaderamente responsables con nuestra salud y con nuestra vida. Las únicas alternativas están planteadas: abstención, fidelidad o empleo adecuado del preservativo. No hay otra salida.



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