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Heridas menores y como tratarlas

Las heridas menores son comunes en la vida cotidiana de las personas, y el tratamiento inadecuado de tales lesiones puede hacer que progrese en ellas una infección que en muchos casos requerirá de la atención de un centro de salud. Este artículo pretende proveer información suficiente para que usted pueda realizar el cuidado de las heridas menores y seleccionar los productos adecuados a utilizar para evitar las infecciones y lograr una rápida curación. Normalmente una herida la consideramos curada cuando se restablece la parte dañada de nuestra frontera principal con el exterior, la piel sana, la que siempre resulta afectada de una manera u otra en estos eventos, por ello, ante todo, es importante tener una idea clara, aunque resumida, de la estructura y funcionamiento de la piel*.

* En el artículo Anatomía de la piel humana se brindan más detalles de este órgano.

Características estructurales y funcionales de la piel

La piel es un órgano multifuncional que constituye nuestro escudo protector a las condiciones agresivas del ambiente que nos rodea, permitiendo al mismo tiempo la realización de los múltiples y diversos movimientos de las diferentes partes del cuerpo. El trabajo complejo de la piel depende de un balance delicado entre estructura y función, y cuando una herida altera ese balance se requiere de una pronta restauración para restablecer la homeostasis corporal.

figura 1
Figura 1. Corte transversal de la piel humana

La piel tiene dos capas estructurales principales (figura 1): la epidermis y la dermis, ambas soportadas por una capa interna de grosor variable denominada hipodermis.

La epidermis, que es la capa más externa de la piel está normalmente en contacto con el entorno que nos rodea, tiene un espesor de unos 0.4 mm y está desprovista de vasos sanguíneos. Está a su vez formada por cinco capas o láminas de tejido epitelial escamoso estratificado cuyas células, los queratinocitos, están encargados de segregar queratina. Las láminas queratinizadas proporcionan un recubrimiento a la piel duro, resistente e impermeable. Adicionalmente a su función protectora, la epidermis tiene otras funciones al contener células especializadas en funciones inmunológicas (células de Lanherhans), células segregadoras de pigmentos que dan color a la piel (melanocitos) y células táctiles que proporcionan el sentido del tacto (células de Merkel). También de la epidermis se derivan las glándulas sudoríferas encargadas de segregar el sudor y los folículos pilosos de donde se genera el pelo.

La dermis es la capa directamente debajo de la epidermis y tiene unos 0.5 mm de espesor. En la dermis hay un rico sistema de vasos sanguíneos, múltiples terminales nerviosas, vasos linfáticos, fibras de colágeno y tejido conectivo. La dermis tiene dos tipos de células principales: los fibroblastos y los macrófagos. La función principal de los fibroblastos es la producción de colágeno que constituye la proteína estructural de soporte necesaria para la formación de la cicatriz. Los macrófagos son células multifuncionales cruciales para la curación de las heridas y participan en los procesos inmunológicos y de crecimiento de los tejidos. Ambos procesos son necesarios para la esterilización, desbridación? y la curación eventual de la herida. Hacia la dermis se proyectan las glándulas sudoríferas y los folículos pilosos.

El tejido subcutáneo o hipodermis está formado mayoritariamente de adipocitos (las células que contienen la grasa) y allí se originan los vasos sanguíneos presentes en la dermis. La función principal de la hipodermis es la de proporcionar aislamiento térmico, amortiguación (acolchado) y protección contra daños mecánicos, pero también almacena calorías en forma de grasa y proporciona a la piel un moderado grado de movilidad permitiendo que esta se deslice sobre los tejidos subyacentes con poco rozamiento.

Curación de las heridas

El proceso de reparación de los tejidos dañados en una herida comienza inmediatamente después de que esta se produce, y  esta reparación requiere que las células de dividan y migren, actividades que se inician por los factores de crecimiento liberados por las propias células dañadas.

Etapas de la reparación

1.- La Inflamación sienta las bases: inmediatamente después del daño, las células heridas y las células del sistema inmunológico: macrófagos, mastocitos y otras; liberan sustancias inflamatorias que causan que los capilares sanguíneos se dilaten y vuelvan muy permeables, lo que permite que los glóbulos blancos, el plasma sanguíneo? rico en proteínas coagulantes, los anticuerpos y otras sustancias puedan filtrarse a la zona dañada. Entonces, las proteínas coagulantes escapadas a la zona construyen un coágulo que frena las pérdidas de sangre, mantiene juntos los bordes de la herida y forma una pared efectiva para prevenir que las bacterias, las toxinas y otras sustancias nocivas puedan expandirse a los tejidos circundantes. La parte del coágulo expuesto al aire muy pronto se seca y endurece para formar una postilla (escara). El evento inflamatorio deja fluido en exceso, porciones de las células dañadas y otros desechos en el área, pero estos serán eliminados posteriormente por la vía de los vasos linfáticos o "devoradas" por los macrófagos durante el proceso de reparación.

2.- La Organización restaura el suministro sanguíneo: esta etapa comienza aun con el proceso inflamatorio en desarrollo y constituye la primera fase de la reparación del tejido. En ella, el coágulo comienza a sustituirse por tejido de granulación que es un tejido delicado de color rosado compuesto por varios elementos entre los que están nuevos capilares que crecen desde las áreas cercanas y establecen un nuevo lecho capilar. Estos capilares son muy frágiles y usted se habrá podido dar cuenta de ello por el sangramiento que se produce si se perturba la postilla formada. Además de los capilares, en el tejido de granulación proliferan los fibroblastos? que producen factores de crecimiento así como nuevas fibras de colágeno que van armando un puente en la abertura. Algunos de esos fibroblastos tienen propiedades contráctiles que tiran de los márgenes de la herida para juntarlos. A medida que avanza el proceso de organización los macrófagos digieren el coágulo original y el depósito de fibras de colágeno continúa. El tejido de granulación, que luego terminará en tejido cicatrizal (el parche de tejido fibroso definitivo), tiene una elevada resistencia a las infecciones ya que segrega sustancias inhibidoras de las bacterias.

3.- La Regeneración y la Fibrosis llevan a cabo la reparación permanente: durante la organización, el tejido epitelial superficial comienza a regenerase creciendo bajo la postilla, que pronto de desprende. A medida que el tejido fibroso subyacente madura y contrae el epitelio regenerado engruesa, hasta que finalmente se asemeja a la piel adyacente. El resultado final es un epitelio completamente regenerado superpuesto a una capa de tejido cicatrizal. La cicatriz puede ser invisible o visible en dependencia de la severidad de la herida.

Factores que afectan la curación


Son muchos y muy variados los factores que afectan la curación de las heridas, pero los más importantes son:

1.- Perfusión
? y oxigenación: la pérdida del adecuado suministro de sangre (perfusión) o de oxígeno resultan en detrimento de la producción de colágeno, reducen la proliferación celular, y también la resistencia de los tejidos a la infección. Esta falta de perfusión u oxigenación se puede deber a desarreglos tales como hipovolemia?, anemia severa, enfermedad vascular periférica? y otras.

2.- Nutrición: Para curar una herida hay que restituir los tejidos afectados y esto requiere un suministro de nuevos "materiales" y energía para la reparación celular, de modo que una buena nutrición con carbohidratos, proteínas y vitaminas evitará la carencia de estos suministros.

3.- Edad y peso: La vejez puede causar una respuesta inflamatoria retardada y está asociada con un incremento de la fragilidad capilar, síntesis de colágeno reducida y nueva vascularización. Las personas obesas con más de 30 en el índice de masa corporal experimentan las mismas dificultades que las personas de edad avanzada, y adicionalmente tienen más problemas con la perfusión ya que el tejido adiposo (graso) no tiene vascularización.

4.- Infección: Las bacterias siempre están presente en alguna medida en las heridas, pero esta contaminación usualmente resulta frenada por el trabajo de los fagocitos (un tipo de glóbulo blanco), sin embargo se puede desarrollar una infección debido a varios factores entre los que están (1) contaminación con un número elevado de bacterias; (2) alguna condición sistémica como avanzada edad, terapia con esteroides o malnutrición; (3) inmunoincompetencia. Las infecciones locales en las heridas demoran la síntesis de colágeno y prolongan la etapa inflamatoria, efectos que causan la destrucción de tejido adicional. Los signos clásicos de infección local incluyen (1) eritema (enrojecimiento); (2) edema (acumulación de líquido); (3) endurecimiento; (4) dolor; (5) y la presencia de un exudado purulento o mal oliente.

5.- Coexistencia de diabetes mellitus: La coexistencia con la diabetes mellitus pobremente atendida está asociada con problemas en el curado de las heridas, ya que esta enfermedad causa una síntesis de colágeno reducida y empeora el trabajo del sistema inmunológico. Lo más recomendable cuando se produce una herida en un diabético es acudir al médico.

6.- Medicamentos: Ciertos medicamentos interfieren con el curado de las heridas debido a que pueden actuar directamente como un impedimento en el desarrollo de alguna de las etapas de curación. Entre estos medicamentos están los corticosteroides? que pueden suprimir el trabajo de los fagocitos y la síntesis del colágeno, los anticoagulantes que pueden interferir bien temprano en la etapa inflamatoria y los medicamentos antineoplásticos? que interfieren con la división celular. Si el herido está tomando alguno de estos medicamentos debe buscar ayuda en un especialista en el cuidado de heridas que vigile la marcha del proceso de curación.

7.- Características de la herida: Entre las particularidades de la herida que pueden empeorar su curación están: (1) presencia de tejido muerto; (2) escaras o costras; (3) cuerpos extraños; (4) falta de humedad; (5) infección; (6) ubicación en una articulación con mucho movimiento sin inmovilizar.

Tipos de heridas

Las heridas se pueden clasificar de acuerdo a si esta se produce de forma súbita (hérida aguda) o si es el resultado de una lesión que se desarrolla poco a poco o una herida que no cura en el tiempo esperado y se mantiene latente por más tiempo (herida crónica). También se pueden clasificar de acuerdo a su profundidad.

Heridas agudas

Las heridas agudas incluyen:

1.- Abrasiones (raspones):
las abrasiones se producen por rozamiento de la piel contra una superficie rugosa que desprende tejido principalmente de la epidermis, aunque puede alcanzar la parte superior de la dermis. Ejemplo, la abrasión de la rodilla al deslizarse sobre el asfalto.

2.- Pinchazos: Se producen cuando un objeto afilado o puntiagudo perfora la epidermis y llega hasta la dermis o a los tejidos más internos. Ejemplo, cuando se pisa una tabla con la punta de algún clavo dirigido hacia arriba.

3.- Laceraciones (desgarros): las laceraciones se producen cuando una parte del cuerpo golpea contra un objeto duro y generalmente pesado generando una rotura de la piel con bordes irregulares. Ejemplo, un golpe de martillo que rompe la piel.

4.- Incisiones (cortaduras): un corte de bordes rectos en la piel causado por alguna hoja afilada. Ejemplo, herirse un dedo con un cuchillo.

Heridas crónicas

Las heridas crónicas no avanzan de manera oportuna a través de las tres fases de curación descritas arriba. Usualmente enfermedades subyacentes como la diabetes, o factores externos como elevada y sostenida presión sobre un área del cuerpo contribuyen a tal desarreglo del proceso de curación.

figura 1
Figura 1. Principales puntos de presión en las prominencias óseas.


Las heridas crónicas incluyen:

1.- Ulceraciones por presión:
son el resultado de la presión sin alivio que daña la piel y los tejidos subyacentes. Comúnmente se les llama llagas por presión, escaras, o úlceras de decúbito y pueden ir desde leves, con enrojecimiento de la piel, hasta severas, con la formación de un cráter profundo que puede llegar incluso a los huesos o los músculos. La formación de úlceras por presión usualmente se produce sobre las prominencias de los huesos (vea la figura 1). Estas escaras son típicas de la hospitalización (60%), o de los hogares de ancianos (18%) ya que las personas de edad avanzada que permanecen inmóviles son los más afectados por este desarreglo. Las úlceras por presión se originan debido a  que los vasos sanguíneos diminutos que alimentan la piel con sangre se ven constreñidos cuando se aplica presión a la piel, lo que reduce considerablemente la llegada de oxígeno y nutrientes. Esta privación de alimentación puede producir la muerte de las células cuando la presión se mantiene por un tiempo prolongado. El tejido necrótico (muerto) da lugar a la úlcera, las que tienden a producirse en las zonas donde los tejidos blandos están comprimidos entre la prominencia de un hueso y una superficie externa.

2.- Úlceras arteriales o venosas: las úlceras arteriales se derivan usualmente de un caso severo de la enfermedad oclusiva vascular periférica o arteriopatía periférica?y normalmente se desarrollan en las extremidades inferiores, siendo dolorosas. Por su parte, las úlceras venosas se deben al mal funcionamiento de las válvulas internas de las venas. Estas válvulas, que funcionan en un solo sentido (como una válvula de retención), facilitan el flujo de sangre hacia arriba e impiden que esta retroceda hacia abajo en la vena. En algunas personas, el funcionamiento de estas válvulas es defectuoso, o bien pueden haber resultado dañadas por trombosis (coágulos) o edema en la vena. Las válvulas incompetentes permiten el flujo sanguíneo en retroceso lo que incrementa la presión cuando se está de pie. Esta alta presión anormal en las venas, las que comúnmente son superficiales, conducen a daños en la piel y la formación de úlceras.

Tratamiento de las heridas menores y las infecciones bacterianas secundarias


La meta del tratamiento de una herida menor es promover la curación evitando que se infecte con el consecuente trauma, y así evitar las cicatrices. El tratamiento debe abordarse por etapas que involucran:

1.- Limpieza de la herida.

2.- Uso selectivo de antisépticos y antibióticos.

3.- Protección de la herida con un vendaje adecuado.

En las heridas menores agudas no contaminadas, como por ejemplo, cortaduras menores, rasguños y quemaduras menores, el tratamiento se debe enfocar solamente a medidas de apoyo, lo que incluye la irrigación con solución salina para realizar la limpieza y luego vendar la herida para evitar el acceso a bacterias al área afectada. El uso de antibióticos tópicos? y preparados antisépticos sin prescripción puede ser útil en la prevención de una infección secundaria, pero tales prácticas resultan extensiones al tratamiento básico de apoyo. En heridas más serias, que involucren tejidos más profundos o grandes áreas de la piel afectadas, como por ejemplo, las mordeduras de animales, las heridas punzantes o quemaduras severas lo mejor es acudir a un proveedor de cuidados primarios para evaluar la posibilidad del uso de antibióticos de prescripción tópicos o sistémicos? así como la posibilidad de la reactivación de la vacuna contra el tétanos. Estas medidas básicas para el tratamiento de heridas agudas pueden no ser útiles en el caso de heridas crónicas, de modo que ante la presencia de una de estas últimas resulta necesario buscar ayuda especializada para su cuidado.

Veamos ahora detalles sobre cada una de las etapas en el tratamiento de las heridas.

Limpieza de la herida

Es muy importante como primer paso en el tratamiento, la limpieza de la herida, particularmente debe hacerse hincapié en eliminar del interior de la herida los objetos extraños (tierra, briznas de yerba, trocitos de vidrio, herrumbres etc.) así como partes de tejido vivo que hayan sido desprendidos durante el trauma aunque estos aun de mantengan ligados al cuerpo a través de una pequeña zona de tejido. La insuficiente irrigación sanguínea de estos tejidos desprendidos conduce a su necrosis, convirtiéndolos en un foco de infección o un impedimento a la curación. Limpiar bien de suciedades las áreas de la piel alrededor de la lesión es también muy importante ya que son focos de agentes infecciosos que luego pueden invadir la herida.

La limpieza del interior del área afectada en las heridas menores normalmente se logra a través de la irrigación (vertido) con solución salina normal (0.9% de cloruro de sodio) también llamada suero fisiológico, que es barata, tiene baja toxicidad a los tejidos y reduce efectivamente la carga de bacterias. En algunas situaciones, la irrigación requiere de ayuda mecánica con el uso de una gasa para eliminar los contaminantes y los cuerpos extraños. En las áreas de la piel adyacentes a la herida la limpieza puede llevarse a cabo en muchos casos con agua y jabón o con el uso de antisépticos de primeros auxilios.

Antisépticos de primeros auxilios

Los antisépticos son sustancias químicas que se aplican a las áreas intactas de la piel adyacentes a los bordes de la herida con propósitos de desinfección. Cuando se usan adecuadamente los antisépticos efectivos en combinación con un trato gentil de los tejidos de la herida, la tasa de infecciones es baja. La limpieza reduce la inoculación de bacterias a la herida a niveles que pueden ser manejados por las defensas del individuo. Un antiséptico ideal sería aquel que ejerce una oposición sustancial contra todos los microorganismos sin producir daños a los tejidos, sin embargo, aun en las dosis terapéuticas, los antisépticos pueden perjudicar los tejidos. Entre los ingredientes activos de los antisépticos que se han reconocido como seguros y efectivos están:

1.- Alcohol etílico (48% - 95%):
este alcohol tiene buena actividad antibacteriana a concentraciones entre 20% y 70%. Se debe aplicar con cuidado en los márgenes de la lesión ya que la aplicación directa del alcohol etílico en el cuerpo de la herida puede causar la irritación de los tejidos. Es común que el alcohol sea desnaturalizado (hacerlo desagradable al paladar) y puede deshidratar la piel cuando se aplica tópicamente en altas concentraciones. Tenga en cuenta que esta sustancia es inflamable por lo que debe usarse lejos de una fuente de incendio. Puede usarse hasta tres veces al día en la limpieza de las zonas adyacentes a la herida, la que debe cubrirse con una venda estéril una vez que la zona se haya secado.

2.- Alcohol isopropílico (50% - 91.3%): tiene un efecto antibacterial ligeramente mayor que el alcohol etílico y normalmente se usa en solución acuosa al 70% con el mismo propósito que aquel. No debe usarse en heridas abiertas debido a sus posibles efectos tóxicos y a la elevada tasas de infecciones reportadas. Es potencialmente más deshidratador que el alcohol etílico dada su acción astringente al ser mejor disolvente de las grasas. También es inflamable.

3.- Solución tópica de yodo y tintura de yodo: el yodo tiene un amplio espectro antimicrobial contra las bacterias, hongos, virus, esporas y protozoos y son raras las cepas de bacterias que puedan soportar una solución de yodo. Se usa como antiséptico en soluciones con 2% de yodo y 2.5% de yoduro de sodio en las heridas superficiales. También se usa la tintura de yodo con las mismas proporciones de yodo y yoduro de sodio pero con 50% de alcohol, pero esta vía es menos preferida por su efecto irritante. En general se desaprueba el vendaje de la herida después del uso del yodo como antiséptico, y esto es para evitar la irritación. Sus inconvenientes son: tiñe la piel; puede irritar los tejidos; y puede causar reacciones alérgicas en algunas personas.

4.- Complejo de yodo-povidona: este antiséptico es una solución acuosa del complejo formado entre la povidona y el yodo. Contiene entre el 9 y el 12% de yodo con una rápida actividad bactericida. Cuando se usa como irrigante de heridas es absorbido al sistema y la cantidad de yodo absorbido depende de la concentración y de la frecuencia de las aplicaciones. El nivel final de yodo en el suero sanguíneo depende de la efectividad del sistema renal del individuo. Cuando las quemaduras severas o las heridas extensas se tratan con yodo-pavidona, la absorción de yodo a través de la piel y las membranas mucosas puede producir una alta concentración sistémica? de yodo lo que puede causar disfunción (mal funcionamiento) temporal de la glándula tiroides, hipertiroidismo clínico e hiperplasia (aumento del número de células y por tanto del tamaño) de la tiroides. Un individuo con el funcionamiento normal del sistema renal excreta cantidades suficientes de yodo como para que el hipertiroidismo no se desarrolle. Se ha encontrado que la combinación de yodo-povidona con los detergentes o jabones (surfactantes) daña los tejidos de la herida y facilita la infección, de modo que esta combinación no debe usarse para lavar la herida.

5.- Solución tópica de peróxido de hidrógeno: el peróxido de hidrógeno tiene una pequeña actividad bactericida pero se usa ampliamente en concentraciones al 3% como antiséptico, ya que libera oxígeno al entrar en contacto con enzimas produciendo un efecto efervescente que ayuda a la limpieza (desbridación?). La duración de la acción se limita al tiempo en el cual se está liberando oxígeno. La utilidad del peróxido de hidrógeno en la piel intacta es muy reducida ya que la producción de efervescencia allí es muy lenta, de modo que la efervescencia efectiva para la desbridación mecánica podrá lograrse probablemente a expensas de la toxicidad a los tejidos. En general, dada su pequeña actividad bactericida y el riesgo de toxicidad a los tejidos el uso del peróxido de hidrógeno solo tiene un pequeño mayor beneficio que el agua y el jabón como antiséptico.

Antibióticos de primeros auxilios


No siempre las heridas menores se pueden limpiar absolutamente y en un número de casos estas permanecen "sucias" o contaminadas aunque se laven con la irrigación de la solución salina. En otras situaciones, las heridas se producen en situaciones en las que no tenemos la posibilidad de lavarlas por razones de ubicación, por ejemplo, una cortadura en el trabajo, o en el automóvil etc. En estos casos los antibióticos de primeros auxilios pueden ayudar a prevenir la infección. Se ha demostrado que cuando se aplican estos productos a una herida sucia o contaminada hasta 4 horas después del hecho ofensivo se reduce la posibilidad de la infección de la herida.

Los agentes antibióticos tópicos sin prescripción como las tetraciclinas, bacitracina, la neomicina y el sulfato de polimixina han demostrado su eficacia en la prevención de infecciones en cortaduras, raspones, y quemaduras menores.

Las preparaciones tópicas de antibióticos deben aplicarse en el cuerpo de la herida después de la limpieza y antes de colocar un vendaje estéril. Cuidado especial hay que tener cuando se aplican estos productos sobre un área extensa de la piel desnuda ya que en este caso se incrementa la potencial toxicidad sistémica. El uso prolongado de estos agentes puede conducir a la infección secundaria por hongos. Si no se notan síntomas de curación a los 5 días de tratamiento debe acudirse a un especialista en el cuidado de la salud.

Vendaje de la herida

Ha sido una práctica común que las heridas se dejasen sin cubrir o se cubrieran con una almohadilla de gasa, pero esta práctica ha sido abandonada debido a que puede conducir a la formación de una escara (postilla) que impide la adecuada restitución del epitelio con la consecuente indeseable cicatriz. También otro efecto perturbador de este método es que permite la deshidratación de la herida que demora la curación. Dejar la herida descubierta proporciona una vía fácil de acceso a las bacterias aumentando la incidencia de infecciones que a todas luces es indeseable. Otro problema se tiene a la hora de retirar la gasa, ya que frecuentemente esta arrastra consigo no solo la escara, si no también los tejidos débiles en formación subyacentes a la escara. Estos problemas acumulativos han hecho que se usen otras estrategias mejores a la hora de tratar las heridas teniendo como premisa el mantenimiento de un ambiente húmedo en la herida vendada. Tal ambiente previene la formación de la escara, elimina el exceso de exudado sin deshidratar la lesión, mientras previene la invasión de la herida por bacterias. La cura húmeda de las heridas involucra el uso de forma estándar de los vendajes semipermeables que promueven una humedad óptima, el retiro de los exudados y el intercambio de gases.

La mayoría de las heridas superficiales, como los raspones, simplemente requieren la aplicación de una una venda regular adhesiva sanitaria con apósito central de tipo gasa (curitas o tiritas). Ante la evidencia de que las heridas curan mejor en un ambiente húmedo se han desarrollado y comercializado vendajes a base de hidrocoloides (coloides acuoso) que cumplen con el requisito de controlar y mantener la humedad en la herida, por lo que pueden promover una curación más rápida. Por otro lado existen además en el mercado las vendas medicadas que contienen sustancias a las que se les atribuye propiedades bactericidas (cloruro de benzalconio), anetésicas (benzocaína) o coagulantes (alginato cálcico) pero no existe la evidencia clara que soporte los beneficios en el uso de esos vendajes más caros sobre los vendajes más tradicionales.

Alternativamente a los vendajes convencionales están los "vendajes"  de adhesivos líquidos que pueden ser usados en cortaduras y abrasiones pequeñas. Estos vendajes líquidos pueden ser muy útiles cuando la estética del recubrimiento de la herida es importante, por ejemplo, cortaduras en la cara o cuando se necesita mucha flexibilidad en el vendaje como el caso de heridas en las articulaciones de mucho movimiento, ejemplo, los dedos o el codo. Los adhesivos líquidos a base de cianocrilatos (utilizados también en los populares adhesivos de uso doméstico como Cola Loca, Super Glue, Krazy Glue y otros) ofrecen varias ventajas como confort, resistencia al desarrollo de bacterias, y la aplicación de una sola vez sin necesidad de retirarlo. Los ensayos clínicos han demostrado la efectividad de estos productos y la carencia de toxicidad cuando se usan de forma tópica para recubrir las heridas.

Las laceraciones o abrasiones más extensas deben ser inspeccionadas por un proveedor de cuidados primarios, desbridada, y enjuagada. Se debe considerar la posibilidad de reactivar la vacuna contra el tétanos.

Cuando se trata de heridas punzantes no muy profundas, esta se debe revisar cuidadosamente para determinar si existen cuerpos extraños en el interior. Si no se detecta tal situación, entonces se debe lavar, lo mismo con agua que con solución salina estéril. La herida debe permanecer abierta y remojada con agua jabonosa por 30 minutos, inicialmente al menos cuatro veces al día a fin de permitir una curación adecuada. Para el recubrimiento de los pinchazos, cuando estos supuran ligeramente, es recomendable usar una venda absorbente tal como las vendas con hidrocoloides, pero si la herida es más profunda y exuda en mayor cantidad lo recomendado es usar una venda de hidrogel (geles acuosos) que es más absorbente.



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