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Amaterasu. Diosa japonesa

El libro japonés mas antiguo, el Kojiki nos cuenta que originalmente había cinco parejas divinas y que la última de ellas era la de Isanaki e Isanami, hermanos, el primero varón y la segunda hembra, a estos dioses primitivos se les atribuye haber creado el archipiélago japones. De la unión de estos dioses salieron además múltiples otros, que tienen un carácter simbólico y representan las principales fuerzas de la naturaleza.


La leyenda relata que Isanami muere durante un parto y fue acogida por tanto en Yomi, el infierno japones. Izanaki emprende luego un viaje al Yomi para rescatar a su amada pero este resultó infructuoso después de algunas peripecias.

Al volver, Izanaki crea sin ayuda femenina a otras deidades desde muy diversas formas, las mas importantes de estas figura y que nacieron cuando se lavaba la cara fueron: Amaterasu, Tsukiyomi y Susanoo. Entre estos hijos, Izanaki repartió el control de las grandes fuerza naturales: a Amaterasu le dio el reinado sobre el sol y la luz, a Tsukiyomi sobre la luna y a Susanoo lo hizo dios del mar.

Susanoo, al que se le da cierto carácter de infame, rechazaba su dominio y quería irse con su madre Izanami al infierno. Su conducta, y las constantes súplicas de Susanoo a Izanaki hicieron que este último lo expulsara del cielo, pero antes de irse quiso visitar a su hermana Amaterasu. Hizo tanto ruido que esta se asustó y pensando que el hermano venía en son de guerra se preparó para el combate.

Los hermanos protagonizan entonces una competencia para ver quién creaba un niño mas noble. Amaterasu creo tres diosas del sable roto de Susanoo y este a su vez a cinco dioses de las joyas de la hermana. Ambos se reconocieron vencedores y la disputa continuó, entonces Susanoo, preso de una especie de locura, rompió los diques, tapó la desembocadura de los arrozales de Amaterasu y arrojó un caballo muerto, animal sagrado para Amaterasu, a su residencia mientras estaba tejiendo. La caída del animal rompe el telar y un trozo de la madera atraviesa el sexo de Amaterasu y la mata (no todas las versiones coinciden con este hecho). La diosa muerta se encerró en una cueva y el mundo quedó sumergido en las tinieblas. Los dioses, inquietos, colocaron un árbol sagrado en la entrada de la gruta y colgaron en él un espejo así como telas y joyas. La voluptuosa diosa Uzuma comenzó a ejecutar un baile; llevando en las manos unas ramas de bambú enano, se subió sobre una bañera volcada y empezó sus movimientos. Luego danzando a un ritmo cada vez mas violento, se desabrocho su vestido y lo bajó hasta dejar ver sus pechos y poco a poco se desvistió hasta el sexo.

Ante tal acontecimiento, los dioses se echaron a reír estrepitosamente y las risas y el ruido producido atrajeron la atención de Amaterasu, esta entreabrió la puerta de la gruta para ver que pasaba, al hacerlo vio su rostro en el espejo y aun mas intrigada salió de la gruta. Aprovechando su distracción una de las demás divinidades cerró la puerta tras ella, había vuelto la luz al mundo.

La danza de Uzuma se convirtió después en el modelo en ciertos ritos populares, que la ejecutaban a la muerte de un individuo con el propósito de hacerlo volver a la vida, es símbolo de la fertilidad y diosa del baile.

Uno de los hijos de las joyas de Ameterasu, Oshihomini, creados por Susanoo a partir de las joyas de esta en la pelea descrita arriba se convertirá después en el primer soberano del Japón, ya que se consideraba a Susanoo un dios del dominio de abajo: primero por su dominio, que era el mar; segundo por su voluntad de querer regresar con su madre al infierno; y tercero por su destino, que era estar exiliado en la tierra. Amaterasu, a quién los emperadores japoneses invocaran como la que les otorgó el título y con ello el poder, es del dominio de arriba.



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