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Nergal. Dios babilónico


Es el dios de los muertos y amo del infierno. Su carácter es orgulloso, impetuoso y violento, se le compara con un toro bravo, un huracán o un diluvio. Es amante de las epidemias, las guerras y las catástrofes, su dominio, y su placer es la muerte. Su meta es ser el más fuerte donde quiera que esté.

Para consagrarse como dios de los infiernos emprende una aventura que se cuenta como leyenda relacionada con este dios.

Resulta que Ereshkigal, hija de Anu, se ha erguido como soberana de un reino independiente y terrible en los infiernos. Los mismos dioses solo pueden llegar allí despojándose de sus poderes, por lo que corren el riesgo de quedar prisioneros.

Se prepara un banquete celeste, pero Ereshkigal se ha independizado tanto de los dioses, que no va a participar en el banquete y en su lugar envía a un mensajero para que recoja allí lo que le corresponde. Nergal se niega a participar de la mesa con ese emisario y hace que Ereshkigal se enfade y reclame las disculpas del insolente. Pero Nergal, orgulloso, no se amilana y viaja a los infiernos acompañado por catorce demonios que le permiten cruzar las siete puertas hasta el mundo del infierno. Una vez ante la diosa se muestra muy cortés y divertido, tanto, que hechiza a la bella diosa y puede volver a su casa.

Ereshkival luego se da cuenta de los sucedido y colérica quiere castigar al infame. Manda un emisario a Anu y le dice que quiere de vuelta a Nergal para dejarlo en en el reino de los muertos, y amenaza con grandes calamidades si no se le complace.

Ante el reto, Nergal acepta y vuelve con la fuerza y violencia estimulados por la situación, si se debe quedar en los infiernos no puede ser de otro modo que de amo. Llega y coge a Ereshkival por el pelo y al lanza al suelo, dominada, la diosa pide clemencia y le promete que se casará con él si la suelta. Nergal acepta el trato y toma a la diosa entre sus brazos con ternura, se casa con ella y se convierte en el rey de los infiernos.

Mas tarde en la historia, Nergal se identifica con el dios de las plagas Erra, marido satisfecho, descansando en el lecho conyugal y sumergido en una vida ociosa es incapaz de tomar decisiones, por lo que el mundo vive una paz total. Pero los dioses infernales, fieles servidores de Erra, los Sibitti, están desesperados por entrar en acción, ese silencio no les gusta, sus armas se oxidan por falta de acción y quieren movimiento, luchas, matanzas, degollados y sangre.

Los Sibitti sacan a Erra del letargo y le animan a que lance el grito de guerra. Pero el amplio proyecto de sangre, elaborado entonces por Erra, no se podrá llevar a cabo si no se levanta del asiento al dios Marduk protector de la ciudad. Trata de convencer a Marduk de que se levante y se vaya con el argumento de que él es el único que puede dar brillo de nuevo a su estatua del palacio, opaca desde hace tiempo. Pero Marduk no tranza, se acuerda de que la última vez que se levantó del asiento sobrevino el diluvio. Erra insiste y promete no cambiar nada, no dejará que los demonios del infierno puedan subir a la ciudad, que todo seguirá en paz. Con la insistencia Marduk se convence poco a poco y acepta, se levanta y se va a la morada de los dioses, dejando a Erra como dueño del lugar.

Al principio Erra cumple lo prometido, hombres y dioses disfrutan de la paz y la tranquilidad, pero como era de esperarse, mas tarde se desata y en la tierra reina el salvajismo, los templos son profanados, los hombres se comen unos a otros, los hijos odian a la madre y ella a estos, los viejos entierran a los pobres, la muerte reina y los lugares habitados se convierten en desiertos, en resumen todos los valores se pierden.

Erra, para poner orden, regresa a su templo y todo vuelve a la normalidad.

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